Uppsala, Suecia
Este pueblucho amortajado en la nevera,
esta casa de muñecas cercenadas,
este pelotón con cara de sabueso,
este desencuentro malogrado,
esta gala de fantasmas azulados,
este Cupido desollado,
esta parvada de rayos cachicuernos,
este lumbral de la desesperanza
nos hizo el único regalo
de una doble promesa:
"Para nosotros, siempre serán puercos.
El invierno los matará a todos".

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